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Todo va bien.

Lunes, Mayo 24th, 2010

Tal vez cierre el blog, la pregunta tal vez será; que mas te da, si actualizas poco, y mi respuesta es; no quier nada.
Estoy desbordado de todo, y necesito unos días tranquilos cuanto antes mejor, pero me queda aún mucho para llegar a ello.

Algunas dudas? danielgarcia30024@gmail.com | administrador@unblogger.es


-Daan.

Enorme crecida de Unblogger.es!

Lunes, Marzo 8th, 2010

Bueno… No se bien como empezar… Acabo de mirar las estadísticas y han

subido enormemente las visitas en España, Norte América (WTF?!) y México… Realmente a sido una grata sorpresa y inspira confianza en publicar nuevos artículos, tras pasar un tiempo en la sombra.
PD: Alguien os obliga a leer mis mierdas?  Es desconcertante… :)

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The killers – Read my mind.

Sábado, Agosto 1st, 2009

En la esquina de la calle principal,
intentando mantener la linea.
Dices que quieres que nuestra relación avance, y
que yo estoy retrocediendo.

¿Puedes leer mi mente?
¿Puedes leer mi mente?

Realmente nunca renuncié
a evadirme de ésta ciudad de dos estrellas.
Tengo la luz verde.
Tengo una pequeña lucha interna.
Voy a darle la vuelta a ésto.

¿Puedes leer mi mente?
¿Puedes leer mi mente?

Los viejos y buenos tiempos. El hombre honesto.
El corazón inquieto. La Tierra Prometida.
Un beso sutil que nadie percibe.
Una muñeca rota, y un gran trapecio.

Oh, bueno, a mi no me importa si a tí no te importa.
Porque no brillo si tú no brillas.
Antes de que te vayas, ¿puedes leer mi mente?

Es divertido como te vienes abajo.
Esperando un gesto.
Me detengo en el camino de entrada
con un mágico escalofrío recorriendo mi espalda.

¿Puedes leer mi mente?
¿Puedes leer mi mente?

La reina adolescente, el arma cargada.
el ansiado sueño, el elegido.
El acento sureño, el mundo oculto.
Un muro de una ciudad y un trampolín para saltar.

Oh, bueno, a mi no me importa si a tí no te importa.
Porque no brillo si tú no brillas.
Antes de que saltes,
dime qué es lo que ves
cuando lees mi mente.

Deslizándote por mi fé antes de que caiga.
Nunca devolvió aquella llamada.
Mujer, abre la puerta, no dejes que pique.
Quiero respirar ese fuego otra vez.

Dijo que no le importaba. No te importa.
Porque no brillo si tu no brillas.
Pon tu espalda sobre mí.
Pon tu espalda sobre mí.
Pon tu espalda sobre mí.

Las estrellas arden como diamantes rebeldes
cortados el sol.
¿Puedes leer mi mente?

PD: Siento no poder poner el videoclip original, tienen
prohibida su inserción en blogs/webs, coloco otro de
la misma canción.

Daniel.

Traumas?

Sábado, Junio 20th, 2009

Primer artículo con música :)

-

Un día, sin saber cómo, estás en la camilla de un hospital, ni siquiera sabes bien que sucesión de circunstancias te han llevado ahí y en realidad, tampoco importa, porque ya estás ahí tendido y no hay marcha atrás.

-

Te duele la mano, entonces miras y sientes la aguja que tienes clavada colgando de un carro con suero. Una vía.

-

Una vía a la vida, una vía a la recuperación, una vía a la salida de las paredes en las que te encuentras, o eso es lo que te dicen. En realidad sientes una mano mortecina, que se está quedando fría porque no le circula bien la sangre, o tal vez está fría porque no tiene el calor de quien la apriete mientras estás ahí tirado.

-

El frío se extiende de la mano al resto del cuerpo y compruebas con repugnancia que ni siquiera estas desnudo bajo la sabana impoluta y esterilizada, sino que estas con una especie de bata abierta tan higienizada como la sabana, y que sin embargo no esconde entre los hilos con los que está tejida que cientos de personas sintieron con ella el mismo frio que sientes tu. Empiezas a preguntarte si incluso, alguien dio su último suspiro con la misma prenda con la que ahora te cubren a ti.

-

Te sientes en una burbuja vacía en la que miles de vidas paralelas rondan a tu alrededor creando una situación reciproca de espectador. Definitivamente, las salas de urgencias vistas desde dentro son tan desalentadoras como la sala de espera del otro lado. Camas y camas, vidas y vidas están frente a ti, con la misma vía que te ata a ti a la botella de suero, con las mismas batas que podían ser la tuya, con respiradores, mascarillas y estabilizadores. Público que devuelve la mirada perdida con la que les observas.

-

El escenario es aterrador, la banda sonora lamentos y sollozos. En la camilla de al lado una mujer se extingue entre soplidos en forma de palabras inconexas. La monotonía se rompe con la inspección rutinaria de los médicos. Se paran en la camilla de la mujer, un médico y una chica joven tomando anotaciones en un cuaderno rojo con estrellitas blancas. Sus rostros son serios aunque no implican empatía alguna. El hombre revisa la multitud de aparatos a su alrededor mientras la chica anota en su colorido cuaderno los últimos niveles de una vida que podía ser la tuya.

-

Y en medio del túnel llega la hora de las visitas. La quietud aparente de la sala se llena de improviso de enfermeras acicalando camas y pacientes, para dejar paso a un tumulto de familiares llorosos que llenan la sala de bullicio.

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Estiras el cuello buscando a quien contarle tu horrible espera. La mano adormilada empieza a responder ante el calor anhelado de quien la estreche. Por un momento hasta una sonrisa nerviosa asoma en tu cara.

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Pero terminan de pasar los familiares y no has reconocido una sola cara. El final de tu camilla sigue tan desierto como unos minutos antes de la agitación. Y jamás en tu vida te has sentido tan solo como ahora.

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Un día conocemos a los que serán nuestros amigos para toda la vida, tenemos una familia que no nos dejará ante nada, podemos hasta tener unos compañeros de trabajo maravillosos. Pero hay un día decisivo en el que conoces a alguien que será infalible.

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Alguien que estará en la puerta cuando salgas de trabajar para acompañarte a casa, que te llevará a tomar algo cuando estés agobiado, que verás llegar por la puerta cargado de bolsas porque estabas cansado para ir a la compra, que te arropará por la noche cuando estornudas para que no cojas frío.

-

Alguien que aunque entres en una sala de hospital en horario laboral un día de diario, estará al final de la camilla para coger tu mano.

-

Tal vez nunca te diré que te quiero, tal vez algún día te lo diga y no veas convencimiento en mi voz. Pero un día te diré que no hay nada en el mundo que desee más, que decirte que eres quien quiero que esté a los pies de mi camilla.